lunes, 11 de agosto de 2014

De amos y esclavos modernos: Cincuenta Sombras de Grey y Pedro Calderón de la Barca.


El internet es el instrumento de anarquía y libertad que personajes como Emma Goldman o Bakunin apenas hubieran podido haber soñado. Una libertad absoluta acompañada de anonimato, creando por primera vez en la historia moderna lo que pudiéramos definir como un escenario donde es posible ver el estado natural del hombre, o algo próximo a él. Siendo que los intentos de legislaturas sobre la web han sido sumamente patéticos, podemos ver en el escenario virtual a un hombre sin la atadura del contrato social, al leviatán desvaneciéndose, dejando sólo a un individuo, su bagaje personal y su teclado. Dentro de esta esfera podemos poner a prueba las tesis de Hobbes, Maquiavelo, Rosseau, e incluso John Rawls : Causar daño psicológico a una persona vulnerable, conocida o no, se vuelve una oportunidad que muchos no dejan pasar,  la propiedad intelectual, a falta de un mejor término, nos la pasamos por el culo, también podemos adquirir pornografía infantil o videos snuff, si nuestros apetitos así lo exigen. Aunque claro también está la posibilidad de organizar campañas sanitarias al no rasurar nuestros bigotes, juntar fondos para diversas caridades, o ayudar a las personas a ventilar sus secretos.

Si la teoría de algún filósofo ahora podemos saber victoriosa gracias al internet, ese deberá ser tema tratado por alguien cuyo interés y talento para la filosofía rebasen por mucho los míos, y quizás sea un poco menos holgazán que yo. Sin embargo, algo que llama mucho mi atención es que usualmente se parte del ser humano como un ser racional, y sus decisiones habrán de derivar de esta misma racionalidad, pero en el internet vemos actos que no siempre obedecen una racionalidad. ¿Cómo se explica que una mediocre bloguera feminista como Anita Sarkeesian haya recibido más de cien mil dólares de la noche a la mañana? ¿Revivir la carrera del no tan popular cantante Rick Astley nomás como una especie de broma prolongada? ¿Vender almas por ebay?.  Si uno le pregunta a un internauta con experiencia en sitios como 4chan, probablemente escuche en algún punto el término lulz como una especie de justificación. Los lulz son una degradación de la jerga de internet LOL (Riendo fuertemente), y ante los actos sin aparente sentido de muchas personas en la red es casi inevitable escuchar alguna variación de la frase I did it for the lulz.

Pero los lulz más que ser una razón que tenga que ver con la hilaridad, tienen que ver con la existencia de una libertad y haberla ejercido, es esto pues a donde llega la libertad virtual: el individuo se encuentra dueño de un poder para realizar acciones que en su vida cotidiana le atormentaría el mero hecho de pensarlas. El que le causen un placer o no se vuelve completamente irrelevante, puede hacerlo, ergo, lo hace, y cualquier intento de los gobiernos del mundo por intentar introducir el derecho en el mundo virtual, es respondido por los guardianes de la anarquía perpetua que en la red encuentran un campo fértil para desenvolverse y pregonar su palabra.  Curioso es también como en la libertad irracional de la red, se encuentran individuos que deciden limitar su libertad, o ya de plano omitirla por completo. Cualquiera que haya navegado lo suficiente los sitios más caóticos, encontrará que existe una especie de código de etiqueta no escrito acerca de lo que se puede o no se puede hacer, y aquellos que incumplan con el código son castigados con el único, pero efectivo, castigo que los justicieros virtuales pueden ofrecer: La exposición, el fin del anonimato.



Ahora, ¿Qué pasa cuando alguien decide utilizar su libertad para decidir ser cautivo? Es natural que cedamos nuestra voluntad hasta cierto punto, la vida en sociedad, las dinámicas internacionales, implican el ceder libertades a cambio de seguridad, pero también renunciamos a la libertad en un sentido metafísico al encomendarnos a una divina providencia, un dios interventor, esto es porque la libertad implica responsabilidad. Si el ser humano es completamente libre, entonces quiere decir que el curso de sus acciones depende únicamente de él, y no hay una figura celestial a la cual aferrarse en los tiempos de crisis. Sí los seres humanos somos libres, entonces implica que estamos solos en un sentido espiritual, un pensamiento aterrador para muchos. El ser libre es estar en un estado de incertidumbre por el mundo, teniéndose la mujer y el hombre únicamente a sí mismos como un soporte, como una muletilla. Es así que le damos parte de nuestra libertad a un estado, a una iglesia, a nuestro linaje, nuestra cultura, nuestro pasado, y a cambio de ello recibimos una lámpara que nos señala un camino a seguir, sea su luz verdadera o distorsionada es tema que no me corresponde tratar (O más bien, ya me da pereza a estas alturas).

Pero en estos casos uno al final se queda con parte de su libertad, y constituye una elección con un fundamento racional, sin embargo encontramos individuos que desean ceder su libertad por completo para entrar en una dinámica de amo-esclavo. ¿Cómo se entiende una actitud como esta? Probablemente la explicación más obvia la podamos observar si analizar las connotaciones sexuales que implica este nuevo sistema de esclavismo. Quien se ofrece como esclavo, busca deshumanizarse a sí mismo para convertirse en un objeto, cometiendo un acto donde la libertad es entregada con gozo, y a cambio el esclavo se libra por completo de cualquier responsabilidad de libertad, su voluntad  se vuelve el capricho del amo y a cambio encuentra en el amo el pilar perdido. El que gobierna en cambio, conforme con los menesteres que implica el ser libre, busca extender su libertad donde nuestra sociedad (usualmente) la limita: la vida de otro ser humano. En la genial serie política, House of Cards, el personaje de Kevin Spacey cita a Oscar Wilde al decir “Todo es acerca de sexo, excepto el sexo. El sexo es acerca de poder.”. Si esto es cierto, y nuestro deseo carnal se subordina a nuestra necesidad de ejercer poder, ahí podemos entender el principio que gobierna la aparente irracionalidad. Viendo al poder como la posibilidad de ejercer alguna voluntad. La libertad del internet y su anonimato nos dan poder. El que coge ejerce su poder dejándose coger, el creyente ejerce su poder al dudar de su fe, el maestro ejerce su poder al insultar a sus alumnos anónimamente, las mujeres ejercen su poder al oponerse al patriarcado o al mismo feminismo, yo puedo ejercer mi poder al entregarle mi libertad a un amo o ama.


En el libro Cincuenta Sombras de Grey, novela de moda entre amas de casa y adolescentes descubriendo la sexualidad, vemos la representación más expuesta a los medios populares de una relación sadomasoquista. En esta novela la protagonista conoce, en una muy conveniente casualidad, a un hombre de negocios exitoso, y de manera también demasiado conveniente, entabla una relación meramente sexual que, como en toda buena pieza de literatura escapista, deviene en una tortuoso, idealizado, y malsano amorío. Quédense conmigo en este punto, porque antes de seguir habré de  recalcar lo obvio, Cincuenta Sombras de Grey no tiene absolutamente ningún mérito como literatura, creo que cualquier persona que haya leído hasta este punto debió tener claro ese punto desde el inicio, pero entonces se me debe de cuestionar: ¿A qué viene mi análisis, siendo este blog uno con pretensiosas aspiraciones literarias?. Es importante que estudiemos a este ejercicio de masturbación mental no en su calidad de texto, sino por todo lo que lo rodea, desde su concepción, hasta su faceta como un fenómeno de masas, incluso, tengo la audacia de decirlo, como un instrumento de libertad.


¿Qué reverenda estupidez acabo de decir? Son muchos de los puntos de vista mediante los cuales se puede atacar lo que acabo de decir, y de hecho me preocuparía si en este punto no pensaran que soy un pendejo o que ya me volví loco, pero quédense conmigo en este punto. Mucho se alega que el papel de la protagonista es uno que degrada a la mujer, al mostrarse sumisa y a la merced de la voluntad de un hombre con unas tendenciosas controladoras y sádicas, al grado que termina por firmar un contrato donde le entrega su libre voluntad en una relación donde él parece tener el total control de su vida. Si bien podemos criticar de muchas maneras este planteamiento, debemos reflexionar lo siguiente: ¿Acaso la chica no aceptó el contrato como acto de libre voluntad? Quizás estaba presionada por sus sentimientos románticos, no obstante, fuera de eso, no había ninguna situación que no fuese auto convencimiento que le impidiese rechazar la oferta. La chica, ejerciendo su libertad, decidió renunciar a ella y luego retomarla.

Pero incluso dejando de lado el fallido argumento, para poder entender la relevancia de este, retomemos su concepción. Erika Leonard, mejor conocida como E.L. James, empieza a escribir fanfiction de la saga Crepúsculo en una especie de desahogo de las frustraciones sexuales de la mediana edad. Al igual que Crepúsculo, la protagonista apena y posee una personalidad, volviéndose un lienzo en blanco perfecto para que la audiencia se pueda insertar mentalmente en ese lugar. Me parecería darle demasiado crédito a Erika pensar en esta acción como deliberada, pero en cualquiera de los casos, el dominio imaginario donde se desarrrolla la novela le sirvió como un terreno libre de las reglas con las que se rige la sociedad, su esposo, sus hijos, y poder cometer en su mente todas las fantasías que  había tenido que sofocar, utilizando un terreno imaginario para poder ser libre.

Ahora analicemos lo que hace a una novela tan mala digna de análisis, su efecto social. A partir de su publicación, los medios literarios empiezan a decir hasta el cansancio un término precioso: Mommy porn. Es este término despectivo uno que tiene unas implicaciones muy interesantes. Porno para mamás, material erótico dirigido a mujeres de mediana edad. Este tipo de textos no son nada nuevo, vayan a cualquier librería y encontrarán montones de novelas románticas con harto sexo, pero con las Cincuenta Sombras de Grey se perdió ese pudor por leer textos eróticos, así es como vemos a señoras leyendo el libro en público, incluso con un dejo de orgullo. El libro hizo que muchas mujeres se sintiesen más cómodas con su sexualidad, quitando limitantes autoimpuestas para poder ejercer su voluntad, como prueba de esto, doctores afirman que desde la salida de cincuenta sombras de Grey la cantidad de personas de mediana edad infectadas con enfermedades venéreas ha incrementado.  Algunos de los lectores también han decidido experimentar con el sadomasoquismo, regresando al punto con el que empezamos,  ceden su libertad como un acto que los prueba libres, o reciben la libertad de alguien más expandiendo el dominio en el que ejercen la propia.



Uno de los principales puntos por los que se puede calificar de sexista el argumento del libro, es que la chica se ve presionada por sus sentimientos y los movimientos que Grey hace, incluso hay quien diría que su encuentro ya estaba predispuesto y que ella poco o nada podía hacer.  Pero mi dramaturgo favorito del siglo de oro español, y uno de los más excelsos escritores de la historia: Pedro Calderón de la Barca, diría que independientemente de las situaciones, Ana siempre fue capaz de rechazar el contrato con Grey.
En “La Vida es Sueño”, Segismundo, príncipe de Polonia, es encerrado en una torre  desde su nacimiento, pues su padre, el rey Basilio, hombre docto en astrología, ve en el cosmos una profecía que dicta que el hijo habría de matar al padre. Al ver al rey por primera vez y al saber la verdad, su deseo de venganza lo convierte en poco menos que una bestia y es mandado a dormir nuevamente para ser encerrado. De vuelta en la torre, hace una hermosa reflexión acerca de la condición humana y la realidad misma, llegando a la conclusión que la vida misma es un sueño que hay que saber soñar. Un golpe de Estado libera al príncipe, pero cuando llega el momento decisivo y se presenta la oportunidad de vengarse finalmente de su padre, el príncipe le perdona la vida, negando así el incentivo del destino. Y es esta una de las tesis principales de la obra, Calderón creía que el destino, la fortuna, sólo podía empujarnos a hacer determinada acción, pero la decisión final recaía en la voluntad humana.

Es así que los seres humanos nos podemos imponer ante los designios de un oráculo, o las coincidencias que nos hagan coincidir y luego conocer íntimamente a un gran empresario con tendencias sadomasoquistas, aunque claro, un hombre tan católico como Pedro Calderón de la Barca probablemente nos siga subordinando a los designios divinos. No obstante en el ejemplo dado en la vida es sueño, el destino ejerce presión para que Segismundo se convierta en una bestia y este lo rechaza, pero el mismo principio aplica cuando el destino nos brinda salidas a nuestro sufrir y decidimos rechazarlas.



En el Príncipe Constante, Don Fernando, príncipe de Portugal en una cruzada contra los moros de Fez que quieren conquistar la ciudad de Ceuta, no sólo le perdona la vida Muley Hassan, uno de los más fieros guerreros moros, sino que también, al ser capturado, rechaza dos oportunidades de libertad, una que se le es ofrecida a cambio de la ciudad de Ceuta y otra que le ofrece Muley para pagarle su deuda. En ambos casos la justificación que Fernando da para ambos casos obedece únicamente a una moral y una religiosidad interior, a diferencia de Ana o los trolls de internet, Fernando no actúa en base de deseos de poder o sexo, sino por un sentimiento del deber, utiliza su libertad para ceder ante lo que él considera como la voluntad divina.

¿Y si comparamos a la divina providencia con el amo de una relación sadomasoquista? Un pensamiento un tanto raro y blasfemo, pero sale a consideración al tomar en cuenta la lectura que Jerzy Grotowski, padre del teatro pobre, hace del Príncipe Constante. En su versión el dolor que Fernando sufre por negarse a entregar Ceuta llega a límites que en ocasiones se vuelven difíciles de observar, pero ese martirio a cambio le brinda al príncipe un placer que sobrepasa con creces a cualquier orgasmo, el éxtasis del mártir, conforme el dolor incrementa su intensidad, también lo hace el placer, y cuando se acerca la muerte, Fernando la recibe ansioso como concluyendo el acto carnal.


La libertad absoluta implica poder dejar de ser libre si así se desea, esta es la tesis que con este remedo de artículo he intentado defender. En una sociedad civilizada, nuestra libertad está condicionada al pudor y a un contrato social, mientras que en el internet sólo nos somete nuestra moral interna, y es entonces que cosas como una mala novela pornográfica se vuelve un instrumento que potencialmente puede hacer más libres a las personas. Si queremos aprender a ser libres en un estado de derecho, tenemos que comprender todo lo que implica ser libre en un estado de anarquía, y sí, para eso a veces hace falta analizar los efectos de un fanfiction sadomasoquista mal escrito, o el contenido explícito e implícito en las obras de teatro del siglo de oro español. Aunque quien sabe, recuerden que soy un poeta, no un filósofo, y como pensaba Platón: Los poetas somos unos cabrones mentirosos.


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