El internet
es el instrumento de anarquía y libertad que personajes como Emma Goldman o
Bakunin apenas hubieran podido haber soñado. Una libertad absoluta acompañada
de anonimato, creando por primera vez en la historia
moderna lo que pudiéramos definir como un escenario donde es posible ver el
estado natural del hombre, o algo próximo a él. Siendo que los intentos de
legislaturas sobre la web han sido sumamente patéticos, podemos ver en el
escenario virtual a un hombre sin la atadura del contrato social, al leviatán
desvaneciéndose, dejando sólo a un individuo, su bagaje personal y su teclado.
Dentro de esta esfera podemos poner a prueba las tesis de Hobbes, Maquiavelo,
Rosseau, e incluso John Rawls : Causar daño psicológico a una persona
vulnerable, conocida o no, se vuelve una oportunidad que muchos no dejan
pasar, la propiedad intelectual, a falta
de un mejor término, nos la pasamos por el culo, también podemos adquirir
pornografía infantil o videos snuff, si nuestros apetitos así lo exigen. Aunque
claro también está la posibilidad de organizar campañas sanitarias al no
rasurar nuestros bigotes, juntar fondos para diversas caridades, o ayudar a las
personas a ventilar sus secretos.
Si la
teoría de algún filósofo ahora podemos saber victoriosa gracias al internet,
ese deberá ser tema tratado por alguien cuyo interés y talento para la
filosofía rebasen por mucho los míos, y quizás sea un poco menos holgazán que
yo. Sin embargo, algo que llama mucho mi atención es que usualmente se parte
del ser humano como un ser racional, y sus decisiones habrán de derivar de esta
misma racionalidad, pero en el internet vemos actos que no siempre obedecen una
racionalidad. ¿Cómo se explica que una mediocre bloguera feminista como Anita
Sarkeesian haya recibido más de cien mil dólares de la noche a la mañana?
¿Revivir la carrera del no tan popular cantante Rick Astley nomás como una
especie de broma prolongada? ¿Vender almas por ebay?. Si uno le pregunta a un internauta con
experiencia en sitios como 4chan, probablemente escuche en algún punto el
término lulz como una especie de
justificación. Los lulz son una
degradación de la jerga de internet LOL
(Riendo fuertemente), y ante los actos sin aparente sentido de muchas personas
en la red es casi inevitable escuchar alguna variación de la frase I did it for the lulz.
Pero los lulz más que ser una razón que tenga que
ver con la hilaridad, tienen que ver con la existencia de una libertad y
haberla ejercido, es esto pues a donde llega la libertad virtual: el individuo
se encuentra dueño de un poder para realizar acciones que en su vida cotidiana
le atormentaría el mero hecho de pensarlas. El que le causen un placer o no se
vuelve completamente irrelevante, puede hacerlo, ergo, lo hace, y cualquier
intento de los gobiernos del mundo por intentar introducir el derecho en el
mundo virtual, es respondido por los guardianes de la anarquía perpetua que en
la red encuentran un campo fértil para desenvolverse y pregonar su palabra. Curioso es también como en la libertad
irracional de la red, se encuentran individuos que deciden limitar su libertad,
o ya de plano omitirla por completo. Cualquiera que haya navegado lo suficiente
los sitios más caóticos, encontrará que existe una especie de código de
etiqueta no escrito acerca de lo que se puede o no se puede hacer, y aquellos
que incumplan con el código son castigados con el único, pero efectivo, castigo
que los justicieros virtuales pueden ofrecer: La exposición, el fin del
anonimato.
Ahora, ¿Qué
pasa cuando alguien decide utilizar su libertad para decidir ser cautivo? Es
natural que cedamos nuestra voluntad hasta cierto punto, la vida en sociedad,
las dinámicas internacionales, implican el ceder libertades a cambio de
seguridad, pero también renunciamos a la libertad en un sentido metafísico al
encomendarnos a una divina providencia, un dios interventor, esto es porque la
libertad implica responsabilidad. Si el ser humano es completamente libre,
entonces quiere decir que el curso de sus acciones depende únicamente de él, y
no hay una figura celestial a la cual aferrarse en los tiempos de crisis. Sí
los seres humanos somos libres, entonces implica que estamos solos en un
sentido espiritual, un pensamiento aterrador para muchos. El ser libre es estar
en un estado de incertidumbre por el mundo, teniéndose la mujer y el hombre
únicamente a sí mismos como un soporte, como una muletilla. Es así que le damos
parte de nuestra libertad a un estado, a una iglesia, a nuestro linaje, nuestra
cultura, nuestro pasado, y a cambio de ello recibimos una lámpara que nos
señala un camino a seguir, sea su luz verdadera o distorsionada es tema que no
me corresponde tratar (O más bien, ya me da pereza a estas alturas).
Pero en
estos casos uno al final se queda con parte de su libertad, y constituye una
elección con un fundamento racional, sin embargo encontramos individuos que
desean ceder su libertad por completo para entrar en una dinámica de
amo-esclavo. ¿Cómo se entiende una actitud como esta? Probablemente la
explicación más obvia la podamos observar si analizar las connotaciones
sexuales que implica este nuevo sistema de esclavismo. Quien se ofrece como
esclavo, busca deshumanizarse a sí mismo para convertirse en un objeto,
cometiendo un acto donde la libertad es entregada con gozo, y a cambio el
esclavo se libra por completo de cualquier responsabilidad de libertad, su
voluntad se vuelve el capricho del amo y
a cambio encuentra en el amo el pilar perdido. El que gobierna en cambio,
conforme con los menesteres que implica el ser libre, busca extender su
libertad donde nuestra sociedad (usualmente) la limita: la vida de otro ser
humano. En la genial serie política, House
of Cards, el personaje de Kevin Spacey cita a Oscar Wilde al decir “Todo es
acerca de sexo, excepto el sexo. El sexo es acerca de poder.”. Si esto es
cierto, y nuestro deseo carnal se subordina a nuestra necesidad de ejercer
poder, ahí podemos entender el principio que gobierna la aparente
irracionalidad. Viendo al poder como la posibilidad de ejercer alguna voluntad.
La libertad del internet y su anonimato nos dan poder. El que coge ejerce su
poder dejándose coger, el creyente ejerce su poder al dudar de su fe, el
maestro ejerce su poder al insultar a sus alumnos anónimamente, las mujeres
ejercen su poder al oponerse al patriarcado o al mismo feminismo, yo puedo
ejercer mi poder al entregarle mi libertad a un amo o ama.
En el libro
Cincuenta Sombras de Grey, novela de
moda entre amas de casa y adolescentes descubriendo la sexualidad, vemos la
representación más expuesta a los medios populares de una relación
sadomasoquista. En esta novela la protagonista conoce, en una muy conveniente
casualidad, a un hombre de negocios exitoso, y de manera también demasiado
conveniente, entabla una relación meramente sexual que, como en toda buena
pieza de literatura escapista, deviene en una tortuoso, idealizado, y malsano amorío.
Quédense conmigo en este punto, porque antes de seguir habré de recalcar lo obvio, Cincuenta Sombras de Grey no tiene absolutamente ningún mérito como
literatura, creo que cualquier persona que haya leído hasta este punto debió tener
claro ese punto desde el inicio, pero entonces se me debe de cuestionar: ¿A qué
viene mi análisis, siendo este blog uno con pretensiosas aspiraciones literarias?.
Es importante que estudiemos a este ejercicio de masturbación mental no en su
calidad de texto, sino por todo lo que lo rodea, desde su concepción, hasta su
faceta como un fenómeno de masas, incluso, tengo la audacia de decirlo, como un
instrumento de libertad.
¿Qué
reverenda estupidez acabo de decir? Son muchos de los puntos de vista mediante
los cuales se puede atacar lo que acabo de decir, y de hecho me preocuparía si
en este punto no pensaran que soy un pendejo o que ya me volví loco, pero
quédense conmigo en este punto. Mucho se alega que el papel de la protagonista
es uno que degrada a la mujer, al mostrarse sumisa y a la merced de la voluntad
de un hombre con unas tendenciosas controladoras y sádicas, al grado que
termina por firmar un contrato donde le entrega su libre voluntad en una
relación donde él parece tener el total control de su vida. Si bien podemos
criticar de muchas maneras este planteamiento, debemos reflexionar lo
siguiente: ¿Acaso la chica no aceptó el contrato como acto de libre voluntad? Quizás
estaba presionada por sus sentimientos románticos, no obstante, fuera de eso,
no había ninguna situación que no fuese auto convencimiento que le impidiese rechazar
la oferta. La chica, ejerciendo su libertad, decidió renunciar a ella y luego
retomarla.
Pero
incluso dejando de lado el fallido argumento, para poder entender la relevancia
de este, retomemos su concepción. Erika Leonard, mejor conocida como E.L. James,
empieza a escribir fanfiction de la
saga Crepúsculo en una especie de desahogo de las frustraciones sexuales de la
mediana edad. Al igual que Crepúsculo, la protagonista apena y posee una
personalidad, volviéndose un lienzo en blanco perfecto para que la audiencia se
pueda insertar mentalmente en ese lugar. Me parecería darle demasiado crédito a
Erika pensar en esta acción como deliberada, pero en cualquiera de los casos,
el dominio imaginario donde se desarrrolla la novela le sirvió como un terreno
libre de las reglas con las que se rige la sociedad, su esposo, sus hijos, y poder
cometer en su mente todas las fantasías que había tenido que sofocar, utilizando un terreno
imaginario para poder ser libre.
Ahora analicemos
lo que hace a una novela tan mala digna de análisis, su efecto social. A partir
de su publicación, los medios literarios empiezan a decir hasta el cansancio un
término precioso: Mommy porn. Es este
término despectivo uno que tiene unas implicaciones muy interesantes. Porno para
mamás, material erótico dirigido a mujeres de mediana edad. Este tipo de textos
no son nada nuevo, vayan a cualquier librería y encontrarán montones de novelas
románticas con harto sexo, pero con las Cincuenta Sombras de Grey se perdió ese
pudor por leer textos eróticos, así es como vemos a señoras leyendo el libro en
público, incluso con un dejo de orgullo. El libro hizo que muchas mujeres se
sintiesen más cómodas con su sexualidad, quitando limitantes autoimpuestas para
poder ejercer su voluntad, como prueba de esto, doctores afirman que desde la
salida de cincuenta sombras de Grey la cantidad de personas de mediana edad
infectadas con enfermedades venéreas ha incrementado. Algunos de los lectores también han decidido
experimentar con el sadomasoquismo, regresando al punto con el que
empezamos, ceden su libertad como un acto
que los prueba libres, o reciben la libertad de alguien más expandiendo el
dominio en el que ejercen la propia.
Uno de los
principales puntos por los que se puede calificar de sexista el argumento del
libro, es que la chica se ve presionada por sus sentimientos y los movimientos
que Grey hace, incluso hay quien diría que su encuentro ya estaba predispuesto
y que ella poco o nada podía hacer. Pero
mi dramaturgo favorito del siglo de oro español, y uno de los más excelsos
escritores de la historia: Pedro Calderón de la Barca, diría que
independientemente de las situaciones, Ana siempre fue capaz de rechazar el
contrato con Grey.
En “La Vida
es Sueño”, Segismundo, príncipe de Polonia, es encerrado en una torre desde su nacimiento, pues su padre, el rey
Basilio, hombre docto en astrología, ve en el cosmos una profecía que dicta que
el hijo habría de matar al padre. Al ver al rey por primera vez y al saber la
verdad, su deseo de venganza lo convierte en poco menos que una bestia y es
mandado a dormir nuevamente para ser encerrado. De vuelta en la torre, hace una
hermosa reflexión acerca de la condición humana y la realidad misma, llegando a
la conclusión que la vida misma es un sueño que hay que saber soñar. Un golpe
de Estado libera al príncipe, pero cuando llega el momento decisivo y se
presenta la oportunidad de vengarse finalmente de su padre, el príncipe le perdona
la vida, negando así el incentivo del destino. Y es esta una de las tesis
principales de la obra, Calderón creía que el destino, la fortuna, sólo podía
empujarnos a hacer determinada acción, pero la decisión final recaía en la
voluntad humana.
Es así que
los seres humanos nos podemos imponer ante los designios de un oráculo, o las
coincidencias que nos hagan coincidir y luego conocer íntimamente a un gran empresario
con tendencias sadomasoquistas, aunque claro, un hombre tan católico como Pedro
Calderón de la Barca probablemente nos siga subordinando a los designios
divinos. No obstante en el ejemplo dado en la vida es sueño, el destino ejerce
presión para que Segismundo se convierta en una bestia y este lo rechaza, pero
el mismo principio aplica cuando el destino nos brinda salidas a nuestro sufrir
y decidimos rechazarlas.
En el Príncipe
Constante, Don Fernando, príncipe de Portugal en una cruzada contra los moros
de Fez que quieren conquistar la ciudad de Ceuta, no sólo le perdona la vida
Muley Hassan, uno de los más fieros guerreros moros, sino que también, al ser
capturado, rechaza dos oportunidades de libertad, una que se le es ofrecida a
cambio de la ciudad de Ceuta y otra que le ofrece Muley para pagarle su deuda.
En ambos casos la justificación que Fernando da para ambos casos obedece
únicamente a una moral y una religiosidad interior, a diferencia de Ana o los
trolls de internet, Fernando no actúa en base de deseos de poder o sexo, sino por
un sentimiento del deber, utiliza su libertad para ceder ante lo que él
considera como la voluntad divina.
¿Y si
comparamos a la divina providencia con el amo de una relación sadomasoquista?
Un pensamiento un tanto raro y blasfemo, pero sale a consideración al tomar en
cuenta la lectura que Jerzy Grotowski, padre del teatro pobre, hace del Príncipe
Constante. En su versión el dolor que Fernando sufre por negarse a entregar
Ceuta llega a límites que en ocasiones se vuelven difíciles de observar, pero
ese martirio a cambio le brinda al príncipe un placer que sobrepasa con creces a
cualquier orgasmo, el éxtasis del mártir, conforme el dolor incrementa su intensidad,
también lo hace el placer, y cuando se acerca la muerte, Fernando la recibe ansioso
como concluyendo el acto carnal.
La libertad
absoluta implica poder dejar de ser libre si así se desea, esta es la tesis que
con este remedo de artículo he intentado defender. En una sociedad civilizada,
nuestra libertad está condicionada al pudor y a un contrato social, mientras
que en el internet sólo nos somete nuestra moral interna, y es entonces que cosas
como una mala novela pornográfica se vuelve un instrumento que potencialmente
puede hacer más libres a las personas. Si queremos aprender a ser libres en un
estado de derecho, tenemos que comprender todo lo que implica ser libre en un
estado de anarquía, y sí, para eso a veces hace falta analizar los efectos de
un fanfiction sadomasoquista mal escrito, o el contenido explícito e implícito en
las obras de teatro del siglo de oro español. Aunque quien sabe, recuerden que
soy un poeta, no un filósofo, y como pensaba Platón: Los poetas somos unos
cabrones mentirosos.






