Lorenzo estaba desfallecido del sueño. Los tomos que el profesor Berjos requería para su clase eran excesivos. Su curso de Introducción a la Magia Retórica era infame entre los estudiantes de la Facultad de Criptofísica y Ciencias Arcanas de la Universidad Autónoma de Baja California, se decía que cerca del cincuenta por ciento de las bajas entre los alumnos de primer semestre eran por sus proyectos de traducción de runas nórdicas. Lorenzo había escuchado que los pocos que lograban aprobar su clase, recomendaban ampliamente su curso de Historia de la Teoría Retórica Arcana, y solicitarlo como maestro en Criptofísica Aplicada a la Biología. El libro que estaba estudiando para su tarea era la Nueva Enciclopedia Ilustrada de las Runas Mágicas publicado por la Federación Latino Americana de Estudios Arcanos, un texto que el muchacho poco después maldijo al ser demasiado técnico para su limitado entendimiento del tema.
Lorenzo venía de Puerto Peñasco, ahí su abuelo, un ingeniero que estudiaba grimorios como pasatiempo, le había enseñado a practicar magia desde los seis años, cambiando el color de los rosales de su madre y separando la sal en los charcos de agua de mar. Para los dieciséis años era conocido por el apodo del “Brujo de Peñasco”, ya podía generar fuego de sus manos, cambiar la dirección del viento, y si la marea era muy violenta podía hacer que las olas se calmasen. Se había vuelto muy popular no sólo por ser de los pocos magos en el puerto, sino por ser un chico sumamente servicial. Cuando llegó la hora de ingresar a la universidad, tanto él como su familia estaban de acuerdo en que tenía que seguir estudiando el arte arcano, pero la Universidad de Sonora, si bien tenía buenos laboratorios de hechizos en el campus de Hermosillo, estaba constantemente en huelga, y la Academia Nacional Autónoma de Filosofía y Ciencias de la Magia era demasiado selectiva con los alumnos de nuevo ingreso, sin mencionar que la familia no podía costear la estadía de Lorenzo en el Distrito Federal, no obstante, la licenciatura en Criptofísica en la UABC tenía buena reputación, y había familiares en Mexicali que podían darle alojo a Lorenzo.
El primer día de clases, el chico sólo fue a la facultad con un cuaderno y una pluma sin tapón, mientras que la mayoría de sus compañeros parecían haber comprado todos los libros que se ocuparían durante el semestre. La primera clase fue Teoría Sistémica Mágica con la tutora del grupo, la profesora Laura Mendiola, quien contaba con la reputación de “barco”, pues trataba a sus estudiantes como niños en kindergarten.
— Por el momento es todo mis niños — Dijo al final Mendiola, después de una exposición del uso de la perspectiva de género en la teoría mágica —¿Alguna duda?
Por supuesto que quedaban bastantes preguntas por hacer, era el primer día en la carrera, pero el problema era que ninguno de los muchachos sabía ni que empezar a cuestionar.
— ¿Qué clase les toca ahora? - Preguntó la docente.
— Introducción a la Magia Retórica con Fausto Berjos— Respondió Maribel Ruiz, quien sería después jefa de grupo.
— Ah… Berjos… Mis niños, aquellos de ustedes que no vayan para la carrera de Criptofísica, mejor dense de baja en la materia y tómenla con Benito Ortiz en la tarde, porque Berjos los a va a reprobar, y a los que si vayan para Criptofísica, si bien les va, pasaran unos diez.
En 1972 la UABC había abierto la Facultad con la licenciatura en Criptofísica, después fueron integrados los programas de Ingeniería mágica en 1980, y el de Teoría de la magia en 1994. Esta última carrera era muy criticada porque para poder cursarla, el alumno no necesitaba practicar hechizos por su propia mano.
Fausto Berjos, Doctor en Magia Retórica por parte de la Academia Nacional Autónoma de Filosofía y Ciencias de la Magia, fue uno de los maestros fundadores del programa de Criptofísica en Mexicali, y uno de los investigadores más notables en el campo de los estudios Arcanos. En 1985, a los cincuenta años, se quedó ciego al combatir una entidad extraterrestre en el desierto de Sonora, pero desarrolló un hechizo especial para poder leer y escribir sin la necesidad de sus ojos.
En la universidad, Berjos se mostraba abiertamente hostil a los alumnos que no estudiaran Criptofísica, pues consideraba esta ciencia el único camino para convertirse en un verdadero docto en la magia, tanto que estuvo a punto de renunciar cuando se aprobó el programa en Teoría de la Magia.
Lorenzo sentía un terror sobrenatural por Berjos, cada que iniciaba la clase, el profesor lanzaba preguntas detalladas de la sesión anterior, aquellos que siquiera titubearan al contestar reprobaban automáticamente el curso y debían hacer examen extraordinario.
Tras varias horas tratando de traducir las runas que el anciano profesor había encargado de tarea, Lorenzo decidió, en un acto de desesperación, acudir al cubículo del profesor Fausto Berjos, para pedir asesoría.
El pasillo donde el profesorado de la facultad tenía sus cubículos, era especialmente largo, sin mencionar que estaba encantado para que se aislara todo sonido, lo cual volvía al lugar un tanto lúgubre y estéril. Lorenzo, con el brazo temblando, dio tres golpes a la puerta del cubículo, y esta se abrió por si sola.
Un fulgor azulado cegó temporalmente al joven.
— No me digas quién eres— La voz de Berjos resonó— ¿Eres el muchachito de Puerto Libertad?
— Puerto Peñasco, profesor.
— Disculpa joven, mi memoria ya no es tan buena, ¿Qué se te ofrece?
La luz desapareció, y Lorenzo pudo ver a detalle al profesor, tenía en sus manos un collar con una turquesa esférica. El anciano apenas cubría su calvicie con una capa de delgados cabellos plateados, sus ojos eran completamente grises.
— Profesor— Lorenzo estaba titubeando— Vine porque estoy teniendo problemas para traducir las runas que nos encargo.
— Muchacho, no seas estúpido, las runas no se traducen, se interpretan.
Los ojos sin vida de Berjos por un momento parecían ver directamente los de Lorenzo. La turquesa en el collar emitió otro fulgor.
— La magia retórica funciona porque los hechizos hablados fueron previamente creados y registrado en el imaginario universal.
— ¿El imaginario universal?
— Cuando un mago crea un hechizo, este se queda guardado en una especie de base de datos a la que todos los seres humanos tenemos acceso, esto es el imaginario universal. — El profesor alzó el collar, haciéndolo flotar— Cuando se registra el hechizo con un nombre, un cántico, o un símbolo, estos se convierten en el acceso al hechizo, algo así como los comandos de un sistema computacional.
La turquesa estalló, disparando fragmentos por toda la habitación, Lorenzo se cubrió instintivamente, Berjos permaneció inmutable.
— Las runas mágicas no son palabras, son hechizos en sí, por tanto no se pueden traducirse, sino interpretarse a partir de lo que le “susurren” al mago.
El estudiante recogió uno de los fragmentos de turquesa aún calientes.
— Disculpe profe, ¿Qué era esa piedra?
— Un trabajo matemático hijo, verás, cuando los hechizos no son registrados con un símbolo o una palabra, son registrados en el imaginario en un idioma que crea el subconsciente del mago.
Una fuerza invisible arrancó el pedazo de las manos de Lorenzo, los fragmentos se unieron emanando un aura dorada. Las grietas se fueron desvaneciendo hasta que el collar volvió a estar completo.
— Los mayas descubrieron por accidente que las turquesas son un enlace directo al imaginario, y lograron obtener algunos de los descubrimientos mágicos que se crearon en Europa y Asia.
Berjos volteó hacia su computadora para encenderla, de pronto el monitor se llenó de complejas ecuaciones matemáticas.
— Si mi teoría es cierta, todos los idiomas personales pueden traducirse a un solo lenguaje completamente universal: los números, y así ya no tendríamos que interpretar lo que el imaginario nos da a entender vagamente, podríamos conocerlo con completa exactitud— Berjos empezó a reír— Bien, joven, espero haber aclarado sus dudas, le recuerdo que si su tarea no cumple los criterios, nos veremos en el extraordinario.
— Si profesor, gracias. — Lorenzo se retiró aterrado del cubículo.
Durante la noche, el muchacho fue a casa de Maribel Ruíz, quien se había vuelto su primera amiga en Mexicali.
— “Brujo de Peñasco”, ¿De qué hablaste hoy con el viejo Berjos? — Dijo Maribel mientras traía un par de cervezas claras.
— Le pregunté de nuestra tarea, pero me dio un discurso de que yo era un pendejo por querer traducir runas, supuestamente tenemos que “interpretarlas”.
— ¿No te dijo nada más?
— Pues, casi me mata con un collar explosivo y me habló de mayas y matemáticas.
— Puta madre, nos vamos a ir a título, adiós intercambio, adiós París, adiós Austria.
— Como eres dramática.
Un ruido retumbó por toda la colonia, el disparo de una ametralladora. Había iniciado una balacera en la avenida Justo Sierra. Lorenzo sintió una punzada en su pecho, una bala perdida había penetrado su cuerpo. Maribel gritó aterrada, y corrió buscando ayuda.
La sangre brotaba en un torrente espeso que pronto llenó las prendas del muchacho. El tiempo se detuvo, las palabras del profesor Berjos florecían en su mente.
— Quiero vivir.
La mano temblorosa de Lorenzo arrancó su camisa de un jalón.
— Vida.
Su dedo se sumergió en la herida. Dibujó una cruz desgarrando su carne, y la encerró en un marco de sangre, esperando dejar una cicatriz en el imaginario.
La herida se cerró, pero el cuerpo de Lorenzo no respondía a sus órdenes. Varios apéndices negros emergieron de todos sus orificios, él intentó gritar de agonía, pero su voz ya no le pertenecía. Un manto escarlata llenó sus ojos.
Lorenzo, el Brujo de Peñasco, se encontraba caminando en una planicie llena de plantas cuyos colores no conocía, el cielo estaba lleno de cristales con infinidad de símbolos grabados. La sensación de una mano tomándole del hombre le hizo sobresaltarse.
— En verdad nos metiste en un problema muchacho. — Era la voz de Fausto Berjos.
— ¿Profesor? ¿Dónde estoy?
— Este es el imaginario universal, gracias a ti somos los primeros en él.
— ¿Cómo llegamos aquí?
— Lo que hiciste fue crear una runa con tu propio cuerpo, cosa de la cual no se tiene registro, ni siquiera se sabía posible.
— ¿Y qué pasó?
— Tu cuerpo tomó algo así como una consciencia propia, utilizando tu magia para defenderse. Tuvieron que evacuar toda la colonia Residencias y ponerla en una cuarentena para contenerte.
— ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
— Aproximadamente tres días, deduzco que la percepción del tiempo se vuelve lenta en este plano existencial.
— ¿Y usted que hizo para acompañarme?
— Agradece a las turquesas y a tu falta de creatividad, fue fácil averiguar el significado de tu runa y la información que me dio mi collar me permitió crear un hechizo para que mi consciencia entrara al imaginario.
Berjos tomó su collar con la turquesa y se colocó a Lorenzo.
— Ahora, por favor regresa a casa, ya has causado demasiada destrucción. Pronuncia el siguiente hechizo con mi entonación: Veritas magica et novo mundo.
— Profesor, ¿Usted no piensa regresar?
— Dejaste mi cuerpo demasiado mutilado, si regreso posiblemente me espere un dolor insoportable, si es que no he muerto todavía.
— Lo siento tanto…
— No te preocupes, de cualquier modo, no me faltará actividad por aquí, quizás en algún futuro cuando las personas empiecen a visitar el imaginario con regularidad, ya tendré toda una base de datos de hechizos que creíamos perdidos. Ahora vete muchacho, ya ha pasado demasiado tiempo.
Lorenzo apretó el collar con su mano derecha
— ¡Veritas magica et novo mundo!
El muchacho despertó en medio de una calle llena de casas incendiándose. Una podredumbre llenó su nariz. A su costado estaba el cuerpo cercenado de Fausto Berjos llenó de gusanos. Lorenzo gritó presa del terror pero su cuerpo no le respondía, estaba paralizado del cuello para abajo.
— El blanco ha dejado de ser hostil.
Varios hombres vestidos de blanco se acumularon alrededor del muchacho. Lo colocaron en una camilla y lo encerraban en una camioneta negra. Le inyectaron un sedante. La visión del muchacho se oscureció, mientras veía por la ventana como más hombres de blanco, incineraban con magia el cuerpo del profesor Fausto Berjos.
